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Granbazán - GRANBAZÁN Wineries

Santalla, una nueva forma de entender nuestra tierra

Pedro Martínez, propietario de Granbazán Winery, presenta un nuevo Albariño nacido de la paciencia, la observación y el deseo de seguir descubriendo la riqueza del Valle del Salnés.

Hay algo que siempre he tenido claro desde que mi familia llegó a Granbazán: por mucho que uno crea conocer una tierra, siempre queda algo por profundizar . Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas del mundo del vino. Que nunca dejamos de aprender, de observar y, en ocasiones, de sorprendernos.
Hoy quiero compartir una de esas historias. La de Santalla, nuestro nuevo Albariño, un vino que lleva varios años gestándose y que representa muy bien nuestra manera de entender este proyecto.

Todo comenzó en 2018, cuando iniciamos una nueva etapa en Granbazán y empezamos a prestar especial atención a unas parcelas que despertaron nuestra curiosidad. Se encontraban en un entorno con características diferentes a las que conocíamos en Tremoedo, donde se sitúa nuestra bodega.

Allí encontramos unos suelos de textura arcillo-arenosa, originados por la alteración de una franja de rocas metamórficas que atraviesa esta parte del valle. Un contraste importante respecto al xabre que predomina en Tremoedo, donde el granito tiene un protagonismo indiscutible.
Puede parecer una cuestión exclusivamente geológica, pero quienes trabajamos con viñedos sabemos que esas diferencias terminan contando muchas cosas en una copa de vino.

Desde el principio decidimos observar aquellas parcelas con calma. Vendimiamos sus uvas por separado, las vinificamos de manera independiente y comenzamos a descubrir una personalidad que se repetía año tras año. Había algo especial en ellas. Algo que merecía tiempo y atención.
Y si algo me han enseñado los años, tanto en mi vida profesional como personal, es que las decisiones importantes no siempre deben tomarse deprisa.
Así llegamos a la cosecha de 2024. Fue entonces cuando decidimos dar un paso más y elaborar un vino que permitiera expresar toda la singularidad de estas viñas. Optamos por fermentar en un fudre de roble francés, donde el vino permaneció durante un año en crianza, antes de pasar unos meses en acero inoxidable hasta su embotellado.
No buscábamos hacer un Albariño diferente por el simple hecho de serlo. Queríamos respetar lo que aquellas uvas nos estaban contando.

El resultado es Santalla. Un vino de gran finura, profundidad y carácter. Un Albariño vertical, austero y preciso, que combina tensión y potencia sin necesidad de buscar una exuberancia inmediata. Un vino al que le hemos dado tiempo y del que esperamos que el paso de los años siga revelando nuevas virtudes.

Un nombre que también habla de Galicia.
Elegir el nombre de un vino nunca me ha parecido una cuestión menor. Especialmente cuando detrás existe una historia tan vinculada al territorio.
En las parroquias de donde procede Santalla encontramos dos antiguas referencias espirituales: San Pedro de Villalonga y Santa Eulalia de Nantes, conocida popularmente como Santa Baia o Santalla.
Fue precisamente esta última la que despertó nuestro interés.

En la figura de Santa Eulalia encontramos una combinación de delicadeza, resistencia y fortaleza que nos pareció especialmente cercana al carácter de este Albariño.
Decidimos recuperar la forma popular de su nombre, Santalla, una palabra profundamente vinculada a la tradición gallega .
Me gusta pensar que un vino también debe tener algo de eso. Que no todo esté explicado. Que quien abra una botella pueda descubrir su propia historia.

La etiqueta sigue esa misma filosofía. Hemos querido mantener una identidad reconociblemente Granbazán, pero incorporando una nueva mirada sobre el Salnés, sobre su historia y sobre todo aquello que todavía podemos descubrir en esta tierra.

Seguir creciendo sin olvidar de dónde venimos.
Cuando mi familia asumió el proyecto de Granbazán, lo hicimos con un profundo respeto por el trabajo de quienes habían estado antes que nosotros. Siempre he sentido una enorme admiración por Manuel Otero( fundador ) y por la visión que tuvo al poner en marcha esta bodega.
Nuestro compromiso ha sido continuar ese camino, cuidar lo recibido y tratar de aportar nuestra propia manera de entender el vino. Y Santalla forma parte de esa filosofía.

El deseo de seguir profundizando, conocer mejor nuestros viñedos y de demostrar que el Albariño todavía tiene muchas historias que contar.
Para mi familia y para mí, presentar un nuevo vino siempre es un momento especial. Detrás hay años de trabajo, decisiones, dudas, ilusión y, sobre todo, un equipo de personas que comparte una misma forma de hacer las cosas.

Hoy Santalla comienza su propio camino.
Y me gustaría que quienes tengan la oportunidad de disfrutarlo encuentren en él algo de lo que nosotros hemos aprendido o aprendimos durante estos años: la belleza de una tierra que nunca deja de sorprendernos y el valor de saber esperar para que las cosas encuentren su momento.
Bienvenido, Santalla.

Pedro Martínez
Propietario de Bodegas Granbazán